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viernes, 13 de mayo de 2016

El galéon español

Rumbo a las Indias


Cartón preparatorio para óleo

Pintura de un galeón español
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El galeón español


El galeón fue el buque oceánico por excelencia durante los siglos XVI y XVII. En principio no se trataba de un barco puramente militar, pues originariamente su principal cometido pasaba por el transporte de mercancías de la Carrera de las Indias. Poco a poco, fue aumentando su poder artillero en detrimento de la carga a transportar hasta evolucionar hacia el navío de línea, barco enteramente militar y núcleo principal de las escuadras navales del siglo XVIII, incluida la Armada Española. El nombre de galeón parece ser que deriva de la galera, aunque desde el punto de vista constructivo tiene poco que ver el uno con la otra; la primera vez que aparece mentada la denominación de galeón es en una relación de naves que en el año de 1509 zarpó de Cartagena rumbo a la conquista de Orán.

Nacido de la confluencia de las tradiciones marítimas mediterránea y cantábrica, el galeón fue la respuesta ibérica al desafío naval de las rutas oceánicas abiertas por el Descubrimiento de América. Tiene además este barco otra particularidad significativa, pues marca los primeros tanteos para la normalización, a través de ordenanzas dictadas al efecto, de la construcción naval sobre presupuestos científicos en España.

Sin embargo el galeón español arrastró siempre un problema de diseño que viciaba notablemente su comportamiento en la mar, dejándole en inferioridad de condiciones contra barcos mucho más marineros como, por ejemplo, los ingleses. En efecto, el monopolio sevillano del comercio indiano obligaba a los astilleros españoles a construir sus galeones con una limitación importante: sus medidas debían ser tales que les permitiesen pasar la Barra de Sanlúcar, con independencia de los condicionantes técnicos que reclamaban reiteradamente los constructores navales de la Cornisa Cantábrica.

En cualquier caso, en el siglo XVI el galeón era un buque de unos 45 metros de eslora, con una arboladura de tres palos -trinquete, mayor y mesana- y grandes velas cuadras; su gran gavia en el palo mayor era casi la mitad de su superficie vélica; por su parte, el mesana, cerca de la popa, montaba una vela latina y, sobre ella, una cuadra. Evidentemente, conforme aumentaron de tamaño, se fueron incorporando palos y velas: en los más grandes, un cuarto palo o contramesana montaba una vela triangular cuyas escotas iban cazadas al botalón, o palo horizontal que sobresalía por la popa de la nave.

En cuanto al casco propiamente dicho, si las proporciones tradicionalmente utilizadas en la construcción naval eran de 3:2:1 (eslora triple que la manga y manga doble que el puntal), pasan para el galeón a la fórmula 4:2:1, esto es, el barco se alarga en las líneas y da lugar a una embarcación más estilizada y con mejor comportamiento hidrodinámico. En documentos venecianos del siglo XVI se describen las dimensiones de un galeón: eslora entre perpendiculares 41,3 m, eslora en la quilla 30,5 m, manga 10 m. Respecto a su desplazamiento, éste fue variando progresivamente desde las 300 toneladas hasta las más de 1000 toneladas en tiempos de la expedición naval de 1588 contra Inglaterra.

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