El cuadro, ejecutado en óleo sobre tabla (40 × 60 cm), muestra a un coronel de artillería en un instante cargado de solemnidad: el momento previo al juramento de bandera por parte de la tropa. Aunque los soldados no aparecen representados, su presencia se intuye en la dirección de la mirada del oficial y en la tensión contenida de su gesto.
La composición se centra en el protagonista, erguido, firme, portando sable y vara de mando, elementos que refuerzan su autoridad y rango. La escena no necesita más figuras para transmitir el peso ceremonial del acto: el coronel sostiene por sí solo la narrativa.
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