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lunes, 26 de octubre de 2015

El Santísima Trinidad

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Hemos recibido un encargo que nos resulta particularmente interesante, se trata de realizar una escena al óleo del mítico navío Satísima Trinidad. uno de los buques de guerra más imponente de cuantos surcaron los mares hasta el siglo XIX. Las dimensiones del cuadro serán de 130x89 Cm, lo que nos dará la oportunidad de recrear el navío con gran detalle, es un reto que abordamos con especial ilusión.



Disponible.


BREVE RESEÑA DEL BARCO

Heroicamente combatió en la Batalla de Trafalgar. El "Escorial de los Mares", apodo con que sería conocido este titán de los océanos, fue botado en La Habana en 1769, llegando a ser el barco más grande y artillado de su época, pues sus cuatro puentes montaron la friolera de 140 bocas de fuego, cifra no alcanzada por ningún otro buque de guerra. Eran tiempos en los que España, potencia mundial de primer orden, podía construir barcos de acuerdo a sus intereses estratégicos, sin limitaciones armamentísticas impuestas por otros. Por ello, y más allá de sus discutibles cualidades marineras, el Santísima Trinidad posee un alto simbolismo político, en algún sentido parecido al del acorazado Bismark, encarnación de la decisión Alemana de recuperar la soberanía política y la libertad estratégica perdidas tras su derrota de 1918.

Como antes hemos dicho, el navío de primera clase de la Armada Española, Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin, fue botado en La Habana, plaza marítima de primerísima importancia que tenía el privilegio de disponer de los recursos madereros e industriales necesarios para acometer la construcción de esta bestia oceánica. Incidentalmente y como pequeña digresión, podríamos conjeturar si la hazaña industrial del Santísima Trinidad hubiera sido posible sin la gesta de Blas de Lezo sobre el Almirante Vernon en Cartagena de Indias, veinticinco años atrás. Dicho de otro modo, si los ingleses hubiesen apuntalado una base poderosa en el Caribe sin merma de su potencia naval, que es lo que se impidió en 1741 ¿podría haberse construido en Cuba, a base de madera de caoba, el más resistente y poderoso navío de la época?

En fin, volviendo a nuestro barco, lo cierto es que tuvo importantes taras congénitas que, pese a múltiples y sucesivas correcciones, lastraron de por vida el potencial veleros y guerrero que de él se esperaba. Entre otras cosas porque algunas soluciones pasaron por incorporar más cañones en las cubiertas superiores en detrimento de sus ya limitadas cualidades marineras.

Con todas sus defectos, la actividad operativa del Santísima Trinidad fue incesante, participando en todas las campañas importantes que involucraron a la Armada Española. Así, tuvo parte en la guerra naval contra Gran Bretaña en el contexto de los apoyos franco-españoles a las colonias norteamericanas en su lucha por la independencia. En 1782 fue incorporado a la escuadra del Mediterráneo y participó en la batalla del cabo de Espartel. Algo después, en 1797, las luchas revolucionarias y el tratado de San Ildefonso obligarían al Santísima Trinidad a combatir frente al Cabo de San Vicente, acción en la que recibió un duro castigo y a punto estuvo de ser capturado por los ingleses del almirante Jervis: lo salvó el navío Infante don Pelayo del capitán de navío Cayetano Valdés, cuya decisión y energía salvó al "Escorial de los Mares" del difícil trance.

Sin embargo, el Santísima Trinidad será siempre recordado por su trágico y heroico final en la Batalla de Trafalgar, cuando al mando del Brigadier Francisco Javier de Uriarte y Borja acabó sucumbiendo en desigual combate frente a los ingleses. Desarbolado, ingobernable y con las cubiertas regadas de abundante sangre española, el coloso no podía continuar ya su porfiada lucha; siendo imposible e inútil continuar resistiendo, el Santísima Trinidad hubo de arriar bandera y dejarse capturar por los ingleses. Las malas condiciones del barco, que hacía agua por todas partes, le impidieron sortear su última tormenta y, pese al empeño inglés por remolcarlo a Gibraltar, acabaría hundiéndose el 24 de octubre de 1805 a unas 25 ó 28 millas al sur de Cádiz.

A continuación mostramos el proceso de creación artística de nuestra particular visión del Santísima Trinidad. Vamos a utilizar técnicas tradicionales (grafito y óleo) y digitales de un modo integrado y mutuamente complementario.

1.- ESQUEMA Y BOCETO INICIAL

La elaboración del boceto parte de ciertos requisitos establecidos por el solicitante de la obra: el Santísima Trinidad debe verse de través, con el velamen desplegado y la enseña nacional bien visible. Sobre estos presupuestos básicos, pintaremos al barco navegando en una mar movida pero no agitada, a fin de dar un ligero movimiento. Además, el día será claro, para resaltar la lozanía de tan majestuosa construcción naval.



2.- ÓLEO PREPARATORIO

Sobre el boceto anterior del Santísima Trinidad, se ha comenzado el trabajo preparatorio en óleo, para unas primeras aproximaciones cromáticas y volumétricas, tanto de la nave como del mar.

La atmósfera de la escena debe ser clara, lo que no impide romper el cielo con nubes de formas variadas; aún así el aire del cuadro debe transmitir frescura y limpieza.


Pintura del navio Santísima Trinidad Amada Española


5.- PRIMERAS OPERACIONES DIGITALES

Con el rápido trabajo al óleo han sido esbozadas las líneas generales del cuadro. Ahora es necesario digitalizarlo para ir desarrollando, en subsiguientes sesiones informáticas, los pormenores de la obra. Aquí mostramos un estado intermedio de estos trabajos. Por último, y tras nuevas sesiones de desarrollo, llegamos al final de la fase digital, con una composición más compleja, al añadirle otro navío de fondo para dar profundidad, y un redimensionamiento compatible con medidas normalizadas de soportes de lienzo y papel.




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