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sábado, 2 de enero de 2016

El Lusitania de Alfonso XIII

Colección de Uniformes Militares


Caballería Española. Figura 12


Regimiento Lusitania 1910
Disponible.

REFERENCIAS PREVIAS.

Sobre la base de un cabo del Regimiento Lusitania de la época de Alfonso XIII (1909-1926), se ha elaborado nuestra propia visión de un comandante del regimiento de la calavera y tibias cruzadas.

Nuestra guía documental ha sido la imagen de la derecha, de J. M. Bueno, que ha servido de referencia gráfica para los aspectos generales de la lámina a elaborar. Los detalles específicos han sido completados mediante consultas más pormenorizadas.

El proyecto obedece a un encargo realizado por EL INFANTE, para ir ilustrando con infoacuarelas diversos uniformes militares. En este caso, la uniformidad de gala del Regimiento Lusitania


ETAPAS CONSTRUCTIVAS.

Sobre el primer dibujo preparatorio, se ha procedido a realizar una primera aproximación al color mediante acuarela prescindiendo del fondo y detalles de uniformidad (dibujos izquierdo y derecho de la primera fila, respectivamente). En las sesiones siguientes se ha progresado en la definición del contexto y en la elaboración pormenorizada de los elementos de uniformidad (fila de abajo). Finalmente, se ha procedido a dar los pulimientos y retoques de fidelización al modelo de uniformidad disponible. El resultado final ha sido la lámina de encabezamiento de esta página, cuyas dimensiones están ajustadas a los tamaños normalizados existentes en el mercado. 
Dragones de Lusitania Dibujo inicial Dragones de Lusitania. Fase 2
Dragones de Lusitania Dibujo inicial Dragones de Lusitania. Fase 2


BREVE RESEÑA DEL REGIMIENTO LUSITANIA

De dilatada y laureada historia, iniciada el 18 de diciembre de 1709, el célebre Regimiento de Caballería empezó a distinguirse prontamente en la Guerra de Sucesión Española, cuando los entonces denominados Dragones de Pezuela rechazaron con bravura a los portugueses en el sitio de Campomayor (1712).

Sus brillantes hazañas siguieron con el sitio y toma de Cagliari (1717),  con la rendición de Messina un año después y en Melazzo, donde el irresistible empuje de los jinetes del Lusitania cayó sobre los austriacos, arrebatándoles dos de sus banderas. Esta última acción del Regimiento hizo que un admirado Felipe V le concediera el privilegio de lucir en sus cabalgaduras una escarapela amarilla y que en su estandarte figurase la inscripción: "Lusitania tessera omni armatura fortier" (Lusitania es más fuerte con su estandarte que con todas las armaduras).

Transcurre el siglo XVIII con el afamado regimiento cosechando gloria y laureles para España y su Caballería: Francavilla; Tres Fontanas, Ceuta, Orán, Aspremont, Maurienne, Niza o Madonna del Olmo, son sólo algunos de los nombres inscritos por el Lusitania en lo mejor de la historia de la Caballería española.

Precisamente en Madonna del Olmo sucumben imperturbables bajo el fuego enemigo dos tercios del Regimiento. A partir de entonces y por esta acción de guerra, sus miembros serían conocidos como los "Dragones de la Muerte". En recuerdo de la heroica efeméride,  Felipe V concedería al Regimiento el distintivo de las tres calaveras con las tibias cruzadas.

Largo y prolijo sería continuar con la vida  de esta gloriosa unidad, en cuyas grupas acompañaba siempre el espectro de la Muerte, y no tanto como inspiración de terror al enemigo, sino como fiel compañera de los hombres bravos y viriles que conformaban la hermandad combatiente del invencible Regimiento Lusitania, dispuesto siempre a arrostrar el último y definitivo sacrificio por la Patria.



Más figuras de nuestra Colección de Uniformes Militares.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Caballería en la Guerra de Cuba

Pintura Digital
caballería española
caballeria en Cuba (1895-1898)


INTRODUCCIÓN

Auspiciados por el "El INFANTE -Figuras y objetos militares de colección" hemos realizado este nuevo trabajo dedicado a la Caballería Española. Si en otra ocasión pintábamos al Regimiento Alcántara cargando contra los rifeños de Abd-el-Krim, tocaba ahora trasladarnos al otro lado del Atlántico para ilustrar a la caballería expedicionaria del Ejército Español en Cuba (1895-1898), en una de las múltiples acciones sostenidas contra los mambises en la última guerra librada por España en suelo americano. Las fuentes para realizar la pintura han sido tomadas de las espléndidas figuras de la Colección El Infante -Uniformes de Caballería de Cuba y Filipinas- .

LA CABALLERÍA EN CUBA

Con la arenga revolucionaria de Flor Combert en el mismo lugar del Grito de Yara diecisiete años atrás, comenzaba el 3 de enero de 1895 el alzamiento por la independencia de Cuba. Tras la propagación de la insurrección por toda la manigua, el Ejército Español se movilizaba para restablecer el orden y someter la isla a la autoridad del gobierno. Sin embargo, la Guerra de Cuba (1895-1898) habría de acabar con una amarga derrota cuando los EE.UU se involucraron en el conflicto y desalojaron a España de Cuba y Puerto Rico. La larga lucha contra la insurrección independentista, las enfermedades tropicales y finalmente los yanquis, ocasionaron a España la pérdida de miles de vidas, el hundimiento del grueso de su flota y la ruina de su economía. El impacto del desastre del 98, que incluía la pérdida de Filipinas, generó una crisis nacional de gran trascendencia para el futuro.

La Guerra de Cuba ofreció, hasta la entrada en las hostilidades del gigante norteamericano, el aspecto de una guerra irregular contra un enemigo escurridizo, conocedor del terreno y perfectamente aclimatado a las características geográficas del medio en que se desarrollaba la lucha. La respuesta del Ejército consistió en la creación de espacios de aislamiento de la insurgencia basados en las famosas trochas, o líneas defensivas de fortines, baluartes y obstáculos guarnecidos. En estas áreas de confinamiento estratégico debían operar ofensivamente columnas móviles en persecución y destrucción de las partidas aisladas. Sobre estas concepciones ofensivo-defensivas se desarrollaron los duros combates por el control de la Isla de Cuba.

Centrándonos en la actuación de la caballería en Cuba, debemos tener en cuenta que, por un lado, las innovaciones tecnológicas del siglo XIX introdujeron cambios profundos en la organización y táctica militar que acabaron por modificar sus principios de empleo; por otro lado, los mambises evitaban encuentros decisivos con las fuerzas regulares del Ejército, circunstancia que unida a las características del teatro de operaciones, impedía la utilización de formaciones compactas de masas de jinetes en carga contra el enemigo. Por ello, y aun cuando no faltaron en Cuba los choques tradicionales del Arma de Caballería, las misiones fundamentales que inicialmente le fueron asignadas a los 1500 jinetes de los regimientos Pizarro y Hernán Cortés de guarnición en la isla, serían la escolta de convoyes, la formación en columnas volantes de infantería con apoyo artillero ligero, y vigilancia móvil de las líneas de trocha.

Pese a estas disposiciones iniciales, pronto se vio la insuficiencia de unidades montadas para sofocar una rebelión que hacía profusa utilización del caballo, por lo que fueron paulatinamente aumentadas desde la península hasta alcanzar los 8000 hombres a finales de 1895, si bien los problemas de remonta neutralizaban en gran medida tales refuerzos. Por lo demás, el fracaso del general Martínez-Campos en resolver la cuestión cubana y la llegada del general Weyler para sustituirle en febrero 1896, supusieron un notable impulso para la Caballería, pues el nuevo Capitán General de Cuba comenzó a utilizar metódicamente el Arma en misiones de exploración, reconocimiento, persecución y empleo en fuerza, creando un sistema que integraba contraguerrillas montadas de voluntarios leales al gobierno. Para ello, en las unidades de caballería fueron sustituidas lanzas y machetes por el sable, dotándose además a las fuerzas montadas del fusil Maüser; también se adaptaron los uniformes y equipos a las condiciones climáticas y del terreno. Ahora, se buscaba activamente al enemigo mediante fatigosas y tenaces marchas y contramarchas para, una vez localizado y si las circunstancias lo permitían, cargar sobre él a fin de destruirlo y dispersarlo.

Sobre este nuevo esquema, pensado para un empleo más eficiente de la caballería, se produjeron numerosos choques entre el Ejército y la insurgencia, batiéndose numerosas partidas y fraccionando otras en pequeñas bandas que facilitaban su aniquilación: por un momento, al menos en la parte occidental de la Isla, la marcha de los acontecimientos militares parecían prometedores. Sin embargo, las complicaciones políticas internacionales aislaban a España del resto de mundo, mientras desde los Estados Unidos los insurgentes seguían recibiendo aliento moral para la lucha y, sobretodo, los hombres, armas y municiones que les permitía su prolongación. En el orden interno, la crisis política derivada del asesinato de Cánovas de Castillo en agosto de 1897, condujo a la sustitución de Weyler por el general Blanco, cuyas primeras disposiciones en el aspecto militar redujeron la actividad ofensiva de su predecesor, ordenándose acantonar numerosos escuadrones del Arma.

Aún así, no faltaron en este periodo final de la dominación española en Cuba destacadas actuaciones de caballería contra los partisanos independentistas, como la de enero del 98 del general Jiménez Castellanos contra el gobierno insurrecto establecido en La Esperanza: al mando de una columna de casi 3000 hombres, de los cuales 400 eran fuerza montada, y tras superar enormes dificultades impuestas por el terreno y el enemigo, logró batir, desalojar y perseguir al autoproclamado Gobierno Cubano, causándole gran cantidad de bajas.

A pesar de todo, como rezaba un depresivo eslogan de la época, el sol se estaba poniendo para España: El 15 de febrero de 1898, el acorazado Maine, de bandera estadounidense, volaba por los aires en la bahía de La Habana y, poco después, los Estados Unidos decidían, con el tronar de los cañones y el repicar de sus fusiles, el resultado definitivo de la contienda. En diciembre de 1898 España firmaba los Acuerdos de París y cedía Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam a los Estados Unidos de Norteamérica. Irónicamente, los mambises descubrieron demasiado tarde que su sangriento forcejeo por la libertad cubana no fue otra cosa que un cambio de amos. Así, cuando el ejército estadounidense tomó Santiago de Cuba y prohibió a los cubanos su entrada en la ciudad, el líder mambí Calixto García protestó amargamente ante el general Shafter y presentó su renuncia: el juego de la gran potencia norteamericana quedaba descubierto.

SOBRE LA LÁMINA

La lámina que preside esta entrada ilustra una de las múltiples acciones en las que tuvo que emplearse la caballería durante la Guerra de Cuba: un escuadrón de las columnas que perseguían a los mambises cubanos se lanza al galope contra el enemigo.

La pintura ha sido confeccionada trabajando digitalmente una base de grafito, es decir, sobre el esquema de dibujo a lápiz, se ha utilizado una paleta de colores digitales que han sido aplicados en capas con pacientes movimientos de ratón. El resultado es un archivo de alta resolución que permite su utilización para reprografía en múltiples formatos y soportes.

Actualmente se ofrece en dos tamaños: 50x23 cm y 70x32 cm, en impresión de gran calidad en papel Canson de 350 gr/m2. El resultado es excelente y está disponible en "El INFANTE -Figuras y objetos militares de colección".

ENTRADAS EL INFANTE

  1. Derribo aéreo sobre Sigüenza
  2. El Paso del Estrecho (julio-agosto 1936)
  3. La carga del Regimiento Alcántara
  4. Banderas de la Guerra Civil Española
  5. Uniforme Rayadillo de Cuba


lunes, 13 de julio de 2015

Ejército español en Cuba

Colección de Uniformes Militares


Infantería Española. Figura 26


Teniente coronel de Infantería. Cuba 1890
  Disponible en lámina o Cuadro.

El rayadillo constituyó una de las estampas más representativas de la milicia española durante la segunda mitad del siglo XIX, especialmente identificativa de las tropas que aseguraban la soberanía de España sobre sus posesiones de Ultramar. Por esta razón, El INFANTE ha querido ilustrar con una obra original tan emblemático atuendo militar. A tal efecto nos encargó la pintura de un Teniente Coronel de Infantería con el característico uniforme tropical que portaban las tropas destacadas en Cuba, en la época inmediatamente anterior al Desastre del 98.

El rayadillo, o uniforme de tela blanca confeccionada en hilo listado de color azul, comenzó a utilizarse reglamentariamente en Cuba desde febrero de 1856. Poco después, en 1860, volvieron a regularse nuevas disposiciones sobre uniformidad de campaña en esta isla tropical, estableciéndose su composición a base de blusa, pantalón y polainas de "coleta azul", es decir, tela con listas azules y blancas cuya separación fue reduciéndose progresivamente hasta acabar en el mil rayas o rayadillo. Sin embargo, el típico sombrero de palma es, reglamentariamente hablando, ligeramente anterior al rayadillo, pues el "Jipijapa" fue aprobado formalmente como prenda de cabeza para las tropas españolas de Cuba en enero de 1855. Conviene decir que el llamado "Jipijapa" es un sombrero Panamá que debe su nombre a la ciudad ecuatoriana de la que es originario. Para tocar los uniformes rayadillos, el "jipijapa" iba adornado con una escarapela rojigualda y las divisas de empleo.

En 1876, y con el fin de unificar la abigarrada y heterogénea vestimenta de oficiales y tropa, se decide reglamentar un solo diseño para diario y campaña y para todas las unidades: la blusa sería listada, el pantalón color tierra y como sombrero se usaría el "jipijapa". Sólo a partir de la nueva reglamentación de 1880, el pantalón será también listado y con ello, la totalidad de las prendas reglamentarias del Ejército de Cuba y Puerto Rico.

Como antes se ha dicho, la figura representa a un Teniente Coronel de Infantería, razón por la cual lleva las bocamangas de color rojo con las divisas de su empleo en dorado; calza botas de montar y va tocado con el “Jipijapa”, aunque la escarapela rojigualda del sombrero no es visible en la figura; porta asimismo la guerrera-blusa con 6 botones y cuello vuelto de la misma tela con emblema de Unidad. Por último, lleva en el cuello una gola, recuerdo simbólico de las antiguas armaduras y que se llevaba como distintivo de prestación de servicio de armas.

Esta ilustración, como todas las que obran en nuestra Colección de ilustraciones de uniformología militar se pueden adquirir con o sin personalización (cara, emblemas, fantasias, dedicatorias, etc). Consulta nuestra lista de precios.



ENTRADAS EL INFANTE

  1. El Paso del Estrecho (julio-agosto 1936)
  2. Derribo aéreo sobre Sigüenza
  3. Banderas de la Guerra Civil Española
  4. La Caballería española en Cuba


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